Primero echaron a un camarógrafo, pero a mi no me importó, porque en los hechos… yo no soy camarógrafo.

Después echaron a un locutor, pero a mí tampoco me importó, total… yo no soy locutor.

Cuando despidieron a un comunicador social, a mi no me importó y me quedé callado, porque… yo no soy comunicador.

Después desvincularon a un sonidista, pero a mi no me importó, porque honestamente… yo no soy sonidista.

Cuando echaron a un controlador de radio,  a mi no me interesó, porque yo no soy controlador de radio.

Después despidieron a un periodista, pero a mi no me llamó la atención, porque total… yo no soy periodista.

Después despidieron a un presentador de festivales, pero en verdad a mi no me interesó y hasta lo justifiqué, porque en realidad… yo nunca he sido presentador de festivales.

Después despidieron a un colega de trabajo cuyo nombre no recuerdo, pero en realidad… yo aplaudí el despido, para que se cague el gueón…

Ahora me despidieron a mí… pero ya es demasiado tarde… porque ninguno de los demás se va a  acordar ni a interesar en mi despido…

Extraído del blog “Coyuntura Política”

(administrado por nuestro asociado Manuel Luis Rodríguez)